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¿Por qué hay que tener cuidado con las nuevas modas relacionadas con la salud?

¿Por qué hay que tener cuidado con las nuevas modas relacionadas con la salud?

 
En los últimos años, se han puesto de moda diferentes prácticas tal como, la alimentación orgánica, el mundo del fitness, las carreras y maratones, el crossfit, entre otros. Modas que, sinceramente, benefician a la mayoría y que los acercan a tener una vida más saludable y activa. Sin embargo, creo que muchas veces tenemos que ir un poco más allá, no para criticar, sino para evitar situaciones que estas modas puedan acarrear.
 
En el mundo del fitness, el deporte y la alimentación saludable, existen múltiples cuentas y ¨gurús¨ que comparten su conocimiento a través de redes sociales. Las redes sociales, se han convertido en una herramienta simple y eficiente para compartir información incluso, en tiempo real. Todos tenemos a la mano, información que antes teníamos que buscar en libros, preguntarle a profesionales y/o hacer investigaciones profundas. Hoy en día, solamente tenemos que darle like a una página y leer sus posts, recetas y motivaciones.
 
Todo parecería sumamente efectivo y para la mayoría de las personas lo es… ¿entonces, cuál es el problema?. El principal problema de las redes sociales, es que no discrimina a quién le esta llegando esta información. No existe un botón que podamos estripar para indicarle a alguien: ¨esto no aplica para usted, ignórelo¨.
 
¿Eso qué quiere decir? Que muchas veces, la información llega a personas que lo aplican a sus vidas sin cuestionarse si quiera, si en su caso personal, va a ser beneficioso. ¿Es culpa de las cuentas de ejercicio, nutrición y vida saludable? No. Definitivamente no. Es culpa de nosotros, los lectores, que no nos cuestionamos que no todos estamos hechos con la misma receta y que lo que le sirve a una persona, no necesariamente le sirve a otra.
 
Pongo mi caso personal porque hace un tiempo, una situación me hizo verdaderamente pensar en esto. Hace unos meses, mi cardiólogo me dijo en pocas palabras que ¨necesitás tener una dieta alta en sodio. Ponele sal a todo lo que se te ocurra porque es la única manera en que vamos a poder compensar los bajonazos de presión que estás teniendo¨. En ese momento, a mí se me hizo un corto circuito.
 
¿Alta en sodio? ¿Cómo, si normalmente tenemos la creencia popular de que el sodio prácticamente es el diablo personificado y que debemos de buscar evitarlo a toda costa? Ahí, tuve que hacer una pausa en todas mis creencias arraigadas sobre fitness y alimentación saludable y entender que, TODOS necesitamos alimentarnos de maneras distintas.
 
Pongo mi ejemplo porque es reciente y verdaderamente me marcó, sin embargo, pasa igual con las personas con síndrome de intestino irritable, personas que presentan divertículos inflamados y otras patologías que obligan a tener una dieta baja en fibra. Pero entonces, ¿no era que tenía que buscar carbohidratos integrales, aumentar mi consumo de fibra y evitar todos los carbohidratos simples? No para todo el mundo.
 
La responsabilidad es de cada uno de nosotros. Las herramientas que nos brindan las redes sociales, deberían de darnos ideas e incluso un empujón cuando estamos desmotivados y queremos buscar apoyo externo. Sin embargo, no podemos generalizar la información que leemos y no podemos dejar de buscar ayuda profesional. La salud no es una moda y aunque lo fuera, no todas las modas le quedan bien a todo el mundo.

 

Los monstruos que llevamos por dentro

Los monstruos que llevamos por dentro

 

Hace pocos días viví una situación que me marcó mucho. Fui a almorzar a la casa de mis suegros, nos comimos una sopa azteca y la acompañamos de una limonada. Todo normal, y delicioso, por cierto. Cuando terminé de comer, le comenté a mi novio algo que después me quedó resonando: “hace unos años jamás me hubiera tomado esa limonada”. Mi novio me preguntó por qué y no dudé ni un segundo en contestarle: “por que tenía azúcar”.

 

En ese momento fue cuando de verdad realicé todo lo que había detrás de ese comentario. Ese día, compartí un almuerzo, lo disfruté y si la limonada tenia azúcar o no, poco podía importarme o mortificarme.

 

Sin embargo, hace unos años, hubiera pedido agua en vez de fresco, con tal de no “meterle a mi cuerpo” esas 40 calorías. SI!! 40!!! Dos cucharaditas de azúcar tienen 40 calorías! Qué insignificante suena, ¿verdad? Pero qué increíble lo que 40 calorías pueden llegar a mortificar a una persona, al punto de no tener que pedir algo diferente y no poder disfrutar el almuerzo con normalidad.

 

Mi punto no es defender el azúcar, definitivamente va lejos de eso. Los que me conocen saben que mi debilidad no es el azúcar, que puedo pasar semanas sin comerme un postre o algo dulce y que por hábito, no le agrego azúcar a mis frescos. Mi punto va sobre cómo, perdemos la calidad de vida en pequeñeces que nos enferman. Satanizamos tanto algunos alimentos que llegamos a enfermarnos MUCHO más por nuestros pensamientos que por lo que realmente esas cucharaditas de azúcar podían hacerle a nuestro cuerpo. Si hay algo que puedo JURARLES, es que NADIE se ha vuelto diabético por agregarle diariamente dos cucharaditas de azúcar al fresco y NADIE padece de obesidad por ese hábito.

 

Pongo este ejemplo porque fue el que me caló en ese momento. Me asombré increíblemente de darme cuenta cómo, en algún momento de mi vida, esas dos cucharaditas de azúcar hubieran cambiado mis pensamientos y mi manera de disfrutar un almuerzo en familia.

 

Los monstruos que cada uno cargamos, son diferentes. Para algunos será el azúcar, para otros la grasa, para algunos el “pecado” de faltar un día a hacer ejercicio. Sea cual sea el monstruo que los está asustando, los invito a que hagan las paces con él. Subestimar el efecto de nuestros pensamientos, nos lleva a la falacia de creer, que nuestra salud depende solamente de lo que comemos y les juro que está muy, muy, lejos de eso.

Comparar mi cuerpo con estándares de belleza: una receta para el fracaso.

Comparar mi cuerpo con estándares de belleza: una receta para el fracaso.

En muchas revistas populares, e incluso, en algunos libros de salud y dietas, he leído sobre la técnica de pegar una foto en el espejo de cómo nos queremos ver. La técnica, consta en buscar en una revista, una foto de algún cuerpo que represente el ideal de cuerpo que quisiéramos tener. Después de encontrarla, debemos de pegarla en el espejo, para todos los días recordar nuestra meta y utilizarla como motivación.

 

Realmente me genera demasiado malestar que esta idea se difunda sin pensar en todo lo que puede generar en una persona.  Cada uno de nosotros, tiene una genética que determina en muchos aspectos, el tipo de cuerpo que vamos a ir desarrollando a lo largo de la niñez y la adolescencia. Algunos, tenemos cuerpos delgados más por la genética que por los hábitos, mientras que otros, tienen atributos llamativos como ser "culonas" o "tetonas", debido a que lo heredan de sus mamás o abuelas.

 

Estos factores, son parte de nuestro ADN, nacen con nosotros y van moldeando nuestros cuerpos a lo largo de nuestras vidas. Cada aspecto se va haciendo más evidente cuando entramos a la adolescencia y, al ser adultos, ya casi todas aprendemos a identificar de dónde vienen esas características. Algunas veces, celebramos aquellas “bendiciones” que recibimos de nuestra familia y otras, sentimos que la genética nos hizo una mala jugada.

 

Sin embargo, el punto final es que existen y que, o conciliamos con eso, o vamos a seguir en una batalla sin fin para toda la vida. Alto aquí. Eso no quiere decir, que tenemos que tener una actitud conformista sin buscar ser una mejor versión de nosotros mismos. Eso quiere decir, que tenemos que entender que hay factores que van más allá de nuestros hábitos y de las decisiones que tomamos día a día.

 

¿Entonces qué hacemos? El primer paso es identificar cuáles son esos rasgos y entender y aceptar, que probablemente van a estar con nosotros hasta que envejezcamos, al menos de que se esté decidida a intervenir de manera más drástica (que es totalmente aceptable si es algo que se desea mucho).

 

Después de aceptar que tenemos predisposiciones genéticas, entra el bendito juego de la foto. Sin embargo, NO se va a buscar en revistas ni en internet. La foto tiene que ser NUESTRA, de algún momento de nuestras vidas en que físicamente nos veíamos de una manera en que nos sentíamos cómodas y seguras. Al usarnos a nosotras mismas como “objetivo”, sabemos que son metas alcanzables y que si antes pudimos hacerlo, también podemos hacerlo ahora. OJO!! Es importante identificar si ese objetivo lo logramos de manera saludable. Si fue así, bienvenidas sean a repetirlo. Si no fue así, es mejor que esa no sea la foto que escojamos, porque estaríamos fomentando el retomar hábitos que no pudimos mantener a lo largo del tiempo y que además, nos van a generar más daños que beneficios.

 

Finalmente, el último objetivo y para mí, el que más importa, es NO COMPARARNOS. Cada cuerpo es un mundo. Los objetivos de cada persona tienen que adaptarse a su realidad, no solamente a su genética y a sus cuerpos, sino también al tipo de ejercicio que realizan, al tiempo que tienen para dedicarle a este ejercicio, sus hábitos, sus preferencias alimenticias y sus creencias. También es esencial la etapa de la vida, que determina de tantas maneras la manera en que nos alimentamos y en que cuidamos nuestros cuerpos.

 

Solamente cada persona, conociendo su contexto, sus habilidades, sus debilidades y su genética, puede determinar cuál es el punto en el que se siente cómoda con su cuerpo. Es un proceso personal, que no debería de estar influenciado por las metas de nuestras amigas, por las actrices que vemos en la televisión o por las dietas de moda. Ponernos como meta el lograr el cuerpo de otra persona, es el primer paso para el fracaso.