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¿ Cómo mantener un balance los fines de semana?

¿ Cómo mantener un balance los fines de semana?

 

Toda la semana comemos sano, nos levantamos temprano para hacer ejercicio y apenas son las cinco de la tarde del viernes: todo el esfuerzo a la basura.

 

¿Suena de alguna manera familiar? Probablemente sí. De lunes a viernes, la mayoría de personas tenemos rutinas establecidas, horario de trabajo, horario de almuerzo y los horarios para hacer ejercicio.

 

El fin de semana, la rutina cambia drásticamente. Algunas veces nos quedamos en la casa viendo películas, vamos al cine, tenemos un paseo a la playa, un almuerzo familiar y/o una fiesta. Entonces, toda la rutina que habíamos practicado casi como robots de lunes a viernes, da vueltas en círculos sin saber cómo acomodarse.

 

De repente, el sábado no hicimos las meriendas, en la noche tomamos más de la cuenta, el domingo en el almuerzo familiar pérdimos el control de las porciones y en la noche, se nos antojaron las palomitas dulces, tamaño gigante, del cine.

 

¿Cómo hacemos?. La respuesta no es tan simple. Primero que todo, lo más importante es dejar de ver las situaciones en un panorama de blanco o negro. Entre semana hago todo perfecto y los fines de semana, la oveja negra. NO.

 

El principal problema con los fines de semana, es creer que tenemos vacaciones de nuestros hábitos saludables. Definitivamente las rutinas cambian y, así como descansamos del trabajo, también podemos descansar un poco de la rigidez que nos puede llegar a aturdir entre semana. No obstante, lo importante es olvidarnos del todo o nada.

 

Los hábitos saludables no deberían de verse en función de todo o nada. Una vez leí que, darse un atracón  porque ¨ya igual comí mal¨, es como si a uno se le cayera el celular, se le quebrara la pantalla y como ¨ya igual está quebrada¨; nos le pararamos encima para seguirla quebrando más. Así no funciona.

 

Si logramos mantener una rutina de lunes a viernes, podemos usar los fines de semana para bajar un poco la guardia, utilizando algunos tips:

  1. Hacer ejercicio viernes, sábado y domingo. Aunque sabemos que es importante tener un día de descanso a la semana, es preferible que éste no sea los fines de semana. De esta manera, aseguramos que si estamos comiendo un poco más de la cuenta, por lo menos no estamos quitando también la actividad física.
  2. No ¨eliminar¨ los hábitos saludables que hemos adquirido entre semana: carbohidratos integrales, suficiente hidratación, escoger proteínas bajas en grasa, consumir suficientes vegetales y ensaladas.
  3. Si nos vamos a dar un gusto, ya sea dulce o salado, según cual sea nuestra debilidad, disfrutémolo sin culpa. A la hora en que quitamos la culpa del mapa, bajamos la ansiedad y comemos menos.
  4. No comer postres/queques de la caja o ¨snacks¨ de la bolsa. De esta manera, podemos decidir nuestra porción antes de comenzar a comer.
  5. Dejar dos horas sin comer antes de dormir. Este consejo es importante ya que, muchas veces tenemos la mala costumbre de terminar el domingo con una ¨comilona¨ que hace que todavía el lunes, suframos las consecuencias. Dos horas antes de dormir, prefiramos solamente líquidos para así, acostarnos sin malestar y poder arrancar bien la semana.
  6. Si vamos a tomar, salgamos cenados. Si logramos salir a una fiesta o bar, es preferible ir con la panza llena. De esta manera, evitamos estar picando y así, disminuimos la posibilidad de pasar a comer afuera ya que, a altas horas de la noche, no son específicamente los restaurantes más sanos los que están abiertos.
  7. No mezcle las bebidas alcohólicas con gaseosas/frescos azucarados. El alcohol aporta calorías vacías que no nos brindan ningún tipo de nutriente. Para evitar seguir sumandole calorías procedentes del azúcar, podemos mezclar nuestros tragos con agua, soda o algún refresco sin endulzar.

  

Finalmente, mi mayor consejo es disfrutar. En el momento en que ese ¨gustito¨que nos dimos el fin de semana nos llenó de remordimiento, ya no valió la pena. Tratemos de mantener nuestros hábitos saludables no por obligación, sino porque nos hacen sentir mejor, física y emocionalmente. Si no vemos los buenos hábitos como un castigo, entonces a la hora en que disfrutemos esos ¨pequeños placeres¨, van a ser sólo eso, placeres, sin agregarles lo culposo.