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O nos mata la obesidad o nos mata la bendita contadera de calorías

O nos mata la obesidad o nos mata la bendita contadera de calorías

 

En el momento en que cualquiera de nosotros decide ¨bajar de peso¨, ¨aumentar peso¨, ¨aumentar masa muscular¨, ¨bajar grasa¨, o cualquiera de esas combinadas, llega a nuestras manos una lista de intercambio, unas tazas medidoras y una cantidad de calorías que tenemos que comernos, o NO comernos, al día.

 

¿Reacción inicial?: ANSIEDAD.

 

La realidad es que a nadie le gusta comenzar los tiempos de comida, que suelen ser los momentos más placenteros del día, con unas tazas medidoras, una pesa y casi una lupa para poder leer las etiquetas nutricionales que vienen detrás de los paquetes. ¿Por qué? Porque a partir de ese momento, lo que vamos a meter a nuestra boca deja de significar una experiencia gratificante, y comienza a convertirse en un juego matemático de suma y resta de calorías y porciones… que de juego tiene poco porque la diversión es nula.

 

Esto qué quiere decir, ¿qué no deberíamos de preocuparnos por lo que comemos? Por supuesto que no. Lo que quiere decir es que los métodos que hemos utilizado hasta el momento, y me incluyo porque los he aplicado en otros y en mí misma, pueden estar desatando cuadros de ansiedad que ni siquiera estamos tomando en cuenta.

 

Dejamos de enfocarnos en cuáles alimentos tienen más vitaminas, más minerales y en cuáles favorecen más a nuestro cuerpo, y nos obsesionamos, sí, OBSESIONAMOS, con números que al final del camino, no nos aportaron absolutamente nada más que una ansiedad desmesurada.

 

Estoy cien porciento convencida en que las porciones importan y que, no importa que tan saludable sea un alimento, si lo consumimos en exceso, llega a ser problemático también. Sin embargo, es ahí donde creo que tenemos un enorme vacío en la forma en la que trasmitimos los mensajes.

 

Necesitamos que la educación sea la base, entender cuál es la función de los alimentos, cuáles son las cantidades en que nuestros cuerpos los requieren, cuál es el mejor momento del día para consumirlos y cuáles son las mejores fuentes.

 

Tenemos que aprender a escoger los alimentos que tengan menos ingredientes en las etiquetas y no menos calorías, a perderle el miedo a las grasas y a escoger las que nos benefician y a dejar de satanizar los carbohidratos y simplemente a entender cuáles y cuándo se deben consumir.

 

La idea de contabilizar calorías y porciones definitivamente ayuda a alcanzar resultados a corto y mediano plazo. Sin embargo, no podemos olvidarnos de los trastornos obsesivo-compulsivos que muchas veces estamos ¨alimentando¨ sin darnos cuenta, o la relación de ansiedad que estamos creando entre una persona y lo que consume.

  

No caigamos en la trampa de creer que solamente lo ¨físico¨ nos enferma. Al final del camino, nadie es verdaderamente sano si no logra controlar sus emociones.